Videojuegos, programación, competencias y otros básicos de la formación del siglo XXI

Partiendo de una base sólida, los modelos educativos están obligados a adaptarse a los cambios de la sociedad. Durante parte del siglo XX y todo lo que llevamos de XXI, los cambios han sido muchos y muy rápidos y, en gran medida, provocados por los avances tecnológicos. La sociedad ya no llama «frikis» a los profesionales DJ o a los desarrolladores de apps y videojuegos. Los estudios que cualifiquen a los trabajadores de hoy y de mañana deben estar a la altura de los retos que les aguardan y, cómo no, basados en competencias.

Para avanzar es necesario dejar atrás estereotipos como que jugar a videojuegos o interesarse académicamente por la música electrónica es perder el tiempo. Pero la evolución de la formación tampoco se zanja con aceptar con plenos derechos cierto tipo de profesiones. Es necesario incorporar lo que ya están en la vida de la gente. Hace algunos años, la revista Nature publicaba un estudio que concluía que, tras diez días dedicando un tiempo a jugar a videojuegos, aumentaba la capacidad para enfocar lo importante y desechar los reclamos. Más tarde, un estudio de la universidad de Toronto establecía la relación causa-efecto entre jugar a videojuegos y cambios neuroplásticos en el cerebro. Otros estudios apuntan a la relación del videojuego con la reducción de los niveles de ansiedad o como herramienta para aumentar habilidades en determinados grupos profesionales, los cirujanos, por ejemplo.

Eso por no hablar de la potenciación de la inteligencia espacial y de las capacidades colaborativas en la resolución de problemas. Gonzalo Frasca, doctor en videojuegos por la IT University de Copenhague y desarrollador para Disney Pixar, Cartoon Networks o Warner Bros, está convencido de que «se puede aprovechar la estructura de simulación que ofrecen los videojuegos e incorporarla en todos los ámbitos: educación, política, periodismo, religión, etcétera».

Las iniciativas para introducir la programación en las escuelas se lanzan a nivel mundial. Se aprende a programar usando videojuegos intuitivos o construyendo ordenadores básicos, manejando apps o construyendo robots. En el futuro, manejar un código será tan fundamental como hoy saber un segundo idioma. Eso además de las ventajas que se obtienen al pensar de forma analítica para tomar mejores decisiones en todos los ámbitos de la vida.

Enseñar competencias inmersos en lo tecnológico es un aspecto fundamental de lo que en CAMPUS FP denominamos formación 360 º. Nuestro modelo integra tres formatos de aprendizaje: Formación Profesional Reglada, Formación para el Empleo y Formación Vocacional conforme al sistema educativo Británico, y todo ello adecuado al Marco Europeo de Educación Superior, para posibilitar una progresión hacia estudios superiores, nacionales o internacionales. Entendemos que las nuevas tecnologías forman parte de la metodología de trabajo en que estarán inmersos nuestros alumnos y alumnas.

El dominio de las tecnologías de la Información y la Comunicación es imprescindible, pero además nos brinda la oportunidad de aprovecharlas para desarrollar metodologías de aprendizaje que orientan a la investigación científica y a la creación de conocimiento, además de estimular la creatividad y el trabajo en equipo. A través del aprendizaje colaborativo y por proyectos el alumnado asimila la herramienta “aprender a aprender” con la ayuda de las tecnologías.

9 noviembre 2016 - CampusFP