El principal micrófono utilizado para captar sonido en el cine es el de cañón. Este no se maneja directamente con la mano, sino que, con el fin de manipularlo de forma más precisa y sobre todo de que no aparezca dentro de la imagen grabada por la cámara, se hace uso de un complemento llamado la pértiga.
Tal utensilio, a simple vista, podría parecer algo así como un palo sin más. ¡Pero tiene más misterio de lo que parece! Esto se debe a que, pese a tener una longitud inicial, esta puede aumentarse desenroscando cada una de sus partes o bien abriendo las llaves que bloquean a las mismas, dependiendo del tipo de modelo del que dispongamos. Esta función cumple el objetivo ya dicho: si estamos cogiendo una imagen muy amplia con la cámara, tendremos que estirar la pértiga al máximo para que el pertiguista -profesional del sonido encargado de operar con este objeto- y el conjunto del micrófono no aparezca dentro de la escena. ¡Sería muy raro ver que se cuela este equipo técnico por una esquina del cuadro!
Para controlar la pértiga no basta con saber cuál debe ser la longitud que necesitamos para que no se nos cuele nada en nuestra grabación: también hay que conocer y hacer buen uso de las distintas posiciones que existen. Así que una vez se haya dispuesto correctamente el micrófono a su pinza, y que el cable esté bien sujeto a la pértiga (para evitar golpes contra esta que provoquen ruidos que recogerá el micro), es hora de hacer uso de estas tres técnicas principales que os vamos a comentar.
La primera de ellas es la posición alta. Es la característica que vemos en cualquier making of, por la que reconocemos a un pertiguista. En esta, se agarra la pértiga cerrando por completo una mano y se deja caer sobre la otra, más concretamente en el “cuenco” que forman el dedo índice y el pulgar. La mano cerrada servirá para mover el accesorio; en la que se deja caer hará de soporte. Tras esto, se levantan los brazos por encima de la cabeza (en una postura que resulte cómoda a la persona) y se direcciona el cuerpo hacia el sitio donde se encuentre aquel sonido que se quiera grabar, que normalmente serán las bocas de los actores y actrices.
La posición media es aquella en la que, con una colocación de manos similar, todo el conjunto técnico se sitúa a la altura del torso de la persona que recoge el audio. En este caso, menos habitual que el anterior, se usa para situaciones donde el lugar de grabación no lo permita (por ejemplo, que los techos sean bajos y no permitan elevar mucho la pértiga) o que la cámara deje mucho aire -“hueco” entre los límites de la imagen y la figura principal de la escena, normalmente el actor-.
Por último, la posición baja, se usa proyectando la pértiga hacia el suelo, estirándola más o menos con los brazos según la necesidad del momento, y con el micrófono apuntando hacia arriba. Se utiliza para casos en los que se quiera recoger sonidos producidos a baja altura (pisadas, por ejemplo) o en planos muy abiertos, como el americano -donde la persona aparece en cámara hasta la altura de las rodillas-. De otra forma, aparecería el micrófono.
Con estos trucos para colocar vuestra pértiga, grabaréis de seguro un audio estupendo y de calidad. ¡Hasta la próxima!
Salvador Belizón, profesor de CampusFP en el área de Imagen y Sonido

