Para la fotografía, lo que diferencia la mirada del común de las personas de la mirada del fotógrafo es precisamente que la mirada del fotógrafo contiene una intención. Sea una motivación simplemente estética, o de denuncia social o fotografía de bodegones, el fotógrafo siempre imprime su narrativa a la imagen. El elige entonces la composición de los diferentes elementos en el cuadro, lo que sale en el encuadre y lo que no, o cuánto de iluminada o enfocada quedará una zona. Además, el fotógrafo aprende con la práctica a mirar la realidad cotidiana con otros ojos diferentes, buscando una perspectiva diferente, deslocalizado objetos y lugares o capturando esos instantes decisivos de los que hablaba Cartier Besson.

Retrato de Albert Camus, Henri Cartier Bresson, 1947
Os podemos asegurar que realizar reportajes fotográficos espectaculares en lugares como Egipto o China no tienen tanto mérito, como retratar los objetos y lugares comunes desde un punto de vista diferente al cotidiano, como hace Olivia Arthur en sus instantáneas. Esta perspectiva diferente se convierte en paralela en el trabajo del fotógrafo Chema Madoz, con sus composiciones oníricas de los objetos y la doble interpretación de sus imágenes.

Exposición ‘Chema Madoz. Las reglas del juego’
Con la aparición de la fotografía digital, y el desarrollo de los dispositivos móviles con cámaras de alta resolución en inteligencias artificiales, se pensó que la inmediatez de estos dispositivos eliminaría la capacidad reflexiva del fotógrafo. Pero ha sido todo lo contrario, ya que los nuevos equipos digitales han venido a sustituir sólo la parte más tediosa del trabajo del fotógrafo químico que era el revelado, para dejar más tiempo al fotógrafo precisamente en lo más importante, mirar la realidad con una mirada distinta para capturar un momento memorable.

