Cómo no se iba a hacer eco CAMPUS FP de la noticia más importante del año: Acuerdo universal en la Cumbre del Clima. Para superar un problema, primero hay que reconocer que este existe, y eso es lo que ha pasado en la histórica reunión de 195 países en París.
Imagina un edificio en el que los vecinos nunca llegan a un acuerdo y el deterioro de la finca es cada vez mayor. En el punto en que se roza la irreversibilidad, se reconoce unánimemente la existencia del problema y que lo causan los habitantes, y los 195 propietarios acuerdan, tras dos semanas de reuniones, soluciones de base para empezar a corregir. Los vecinos somos todos los países y el edificio, el planeta. El acuerdo es atajar el calentamiento global que empuja el cambio climático.
Se puede decir que el acuerdo es histórico, porque por primera vez es universal, jurídicamente vinculante y, ahora sí, nos afecta a todos. Aquí puedes leer, íntegro, el comunicado de prensa con el que Naciones Unidas ha dado a conocer el contenido del acuerdo. «Se trata de nuevas iniciativas para el sector financiero, el área de agricultura y bosques, así como nuevas coaliciones entre ciudades, empresas y ciudadanos para reducir las emisiones y fortalecer la resiliencia ante los efectos del cambio climático y el calentamiento global”, señala el documento. Resiliencia, una palabra muy repetida en el texto, con la que parece hacerse un homenaje a la comunidad científica, tan importante en la toma de conciencia sobre el cambio climático. No está en el diccionario de la Real Academia, pero viene desde el mundo científico al mundo social y podemos entenderla como «la capacidad de los seres vivos para sobreponerse a… situaciones adversas» (Wikipedia).
Lo que los medios destacan del texto de la Cumbre del Clima es lo siguiente:
- Se activa de forma clara el proceso de reducción de emisiones y se pone en marcha la financiación para conseguirlo, un fondo de 100.000 millones de dólares, por los países desarrollados.
- El acuerdo es jurídicamente vinculante para los países, pero los objetivos concretos de reducción de emisiones quedan vagamente esbozados con un no superar los 2 grados de crecimiento del calentamiento global.
- Se modula la responsabilidad de los países según su nivel de riqueza y sus niveles actuales de emisiones. España bajará sus emisiones, nuestro compromiso es dejarlas en 210 millones de toneladas desde las actuales 240, pero otros países en vías de desarrollo podrán seguir aumentándolas (eso sí, por debajo de la tendencia actual).
La buena noticia es que la maquinaria se ha puesto en marcha. La mala, es la lentitud ante la urgencia: el acuerdo de París entrará en vigor, no ahora, sino en 2020, ya que hasta 2018 no se hará una revisión de las contribuciones nacionales para actualizarlas en el 20. Falta que cada país incluya el texto en parte de su legislación nacional, pero 187 gobiernos ya se han comprometido con planes nacionales. Se fija como objetivo para fin de siglo mantener el calentamiento global por debajo de los 2°C y realizar «esfuerzos» para que el aumento no sobrepase los 1,5°C. Aún con todos los problemas que se plantean, como decía una vieja y famosa campaña de publicidad, el reto es para todos, para los jóvenes, para los maduros, para los que estudian para los profesores, para los profesionales, para los universitarios, para los que trabajan y para los que buscan un futuro. Todos tenemos algo que hacer por nuestra casa, la Tierra.
