El domingo, 27 de marzo, fue la ceremonia 94 de los Oscar, la cual no pasará a la historia por ser la ceremonia donde un cortometraje español de animación (El limpiaparabrisas de Alberto Mielgo) ganó por primera vez la preciada estatuilla, en esta categoría. Esta ceremonia pasará a los anales por un mal chiste, un tortazo y poco más.
Como cada año, estoy sentado en el sofá de mi casa viendo la ceremonia, y arropado por los brazos de Morfeo, ha venido a mi memoria la primera vez que me quedé en vela toda la noche para ver si la película, que había visto en el cine de verano de mi pueblo, junto a mi hermano y un amigo, y donde nos tuvimos que colar (ya que era para mayores de 18 y un servidor aún no tenía edad de merecer) ganaba el Oscar. Corría el año 1994 y la película era Pulp Fiction de Quentin Tarantino. Ese año ganó Forrest Gump de Robert Zemeckis. Aquella noche, tuve mi primer gatillazo cinematográfico.
Los años pasaron, cinco exactamente, y vine a Madrid a estudiar Comunicación Audiovisual. Entre clases, cafés y noches maratonianas de cine fórum con mis compañeros cinéfilos del aula compartía, una y otra vez, mi indignación y enfado ante la gran injusticia vivida aquella fatídica noche de 1994. Tal era mi obsesión, por arreglar semejante agravio, que un día, durante una clase de Narrativa Audiovisual, donde se generó un debate sobre el séptimo arte, e intentando ganar adeptos a mi causa, le pregunté al profesor si era más de Pulp Fiction o de Forrest Gump. Él, tras una calada a su pipa y mirándome fijamente a los ojos, me respondió, después de exhalar el humo, que era más de Cadena Perpetua de Frank Darabont (película que también estaba nominada al Oscar aquel 1994) Insistí en mi pregunta, intentando obligar a mi profesor a que tomara partido. Y, como no, conseguí mi ansiada respuesta: “Es que a Hollywood le gustan mucho los racconto”. Y siguió con la clase, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
En aquel momento, no entendí que me quiso decir con aquello. Pregunté a algún compañero y tampoco supo a qué se refería con lo de “racconto”. Llegados a estas alturas, tengo que aclarar que la maldita palabra viene del italiano y significa cuento. Así que, a la siguiente clase, según entró el profesor en el aula, lo recibí a puerta gayola y pregunté qué significaba el famoso “racconto” (se ruega al lector pronunciar con acento italiano, a partir de ahora) Mi profesor, esta vez, se tomó su tiempo para saborear la pipa y pude apreciar, en su mirada, ese brillo de superioridad y disfrute durante cada uno de los cincos segundos que tardó en abrir la boca, para responderme que es un recurso narrativo que se usa en películas, en las cuales un personaje en los primeros minutos nos introduce y empieza a contarnos su vida o una parte importante de ella y según pasa el metraje, vamos avanzando en la historia del protagonista hasta llegar de nuevo al momento presente, que es donde comenzó la película y que a su vez es el final de la misma. Añadió, a modo de ejemplo, films tales como Titanic de James Cameron (1998), Amadeus de Milos Forman (1985) y la misma Forrest Gump, todas ganadoras del Oscar a la mejor película en su año correspondiente. Di las gracias y él pudo comenzar su clase magistral.
Hoy, aún con síntomas de cansancio de la larga noche oscarizada y sentado ante mi ordenador, veo el agujero por donde me colé en el cine de verano de mi pueblo, a mi profesor de Narrativa Audiovisual fumando en su pipa de madera en el aula y solo me queda la duda de si mi racconto ha sido del agrado del lector. Espero que así sea.
Por cierto, ya que sé que son muchos los que se lo estaban preguntando, las otras dos invitadas al baile, en la lista de candidatas a mejor película en aquel 1994, eran Quiz Show de Robert Reford y Cuatro bodas y un funeral de Mike Newell. Y, es que 1994, probablemente, puede ser el último mejor curso cinematográfico de los Oscar. Pero eso amigos, es otra historia.
BORJA DE LA FUENTE SÁNCHEZ, marzo 2022

