«Un bote salvavidas»

Nuestro profe del ciclo formativo de grado medio de Video Disc-Jockey y Sonido, Salvador Belizón, comparte con nosotros y nosotras algunas reflexiones sobre los cambios que nos han tocado vivir en estos últimos tiempo, sobre lo que hemos ganado lo que hemos perdido y  un bote salvavidas que siempre ha estado ahí.

artistas

«Cuando llevas tiempo en este bello -algo estresante- mundo de la docencia, has tenido margen suficiente para conocer a muchos compañeros de distintas ciudades, centros, ramas de enseñanza… Curiosamente, muchos de ellos guardan dos cosas en común: su pasión por la plataforma Google Classroom -amén a eso, hermano- y cierta mirada de condescendencia, como la que se le dedica a un perrillo chico que no aprendió a andar aún, cuando comentas que te dedicas al mundo audiovisual. Que tu profesión consiste en enseñar sobre cámaras, micrófonos, encuadres fotográficos, música en general…

Hemos vivido unos tiempos inusuales y complicados. ¡Qué diantres! ¡Seguimos en ellos! Una pequeña nimiedad, nada, una pandemita minúscula, ha alterado nuestra forma de ver y disfrutar la vida. Especialmente meses atrás, en un compendio de meses que no quisiéramos vivir ni tan siquiera en nuestro recuerdo. En aquel entonces, donde antes hubo grandes paseos, ahora tocaba jornadas de reflexión. Donde había viajes a sitios exóticos, quedó en exclusiva el redescubrimiento de los rincones más inhóspitos del hogar. Donde otrora hubo terraceo con los amigos, ahora…erm…bueno, que fue difícil adaptarse. Dejémoslo ahí.

En el desarrollo de esas semanas, la salud mental quedó tocada y prácticamente hundida en muchos casos. El aislamiento, la ruptura de una rutina, sumados al propio contexto, causaron estragos en la moral, en el aura de la mayoría de personas. Fue en aquel entonces cuando llegó un bote salvavidas. Un viejo amigo que siempre había estado ahí, apoyándonos, aunque nosotros anduviéramos demasiado atareados con “nuestra vida de adultos responsables” como para dedicarle atención real: el arte.

Las redes sociales, devoradoras insaciables de intimidad y tiempo, reconvertidas en murales ahora, fueron testigos de un despliegue antes desconocido de artistas que se volcaron con su comunidad y la libraban, un día más, de la desidia y la apatía. Dibujos, conciertos en directo, concursos fotográficos, cualquier despliegue humano con aspiraciones a la belleza animaron los ojos, mente y espíritu de todos aquellos que se asomaron a aquella ventana hacia el exterior en la que se habían convertidos los monitores y móviles. De entre todo ese arte, por supuesto, se encontraba el audiovisual -ya fuera como producto en sí, ya fuera grabando y recogiendo otras manifestaciones-. El girito se veía venir, pero ya saben: uno barre para casa.»

17 mayo 2021 - CampusFP